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sábado

reseña de Peluquería masculina, de Silvio Mattoni en Revista Poesía Argentina.com


Peluquería masculina, de Silvio Mattoni

Por Fernanda Maciorowski


Silvio Mattoni

Peluquería masculina
Silvio Mattoni

 Ediciones Vox, Bahía Blanca, 2013, 58 páginas.


Al recorrer Peluquería masculina, de Silvio Mattoni, se refuerza en nosotros la idea de la peluquería como confesionario; no en el sentido religioso de la palabra, en donde la confesión terminaría con un perdón absolutorio y la penitencia, sino en un sentido múltiple del que viene a testificar una historia, o muchas, del que se desnuda la boca para decir. Percibimos a la peluquería masculina como un espacio de confidencia pero también de revelación. Decimos a la vez íntimo y universal, ya que se hablará, básicamente, de la vida y de la muerte; de los hijos que juegan ruidosos y de los amigos que ya no están. En el libro se utilizan diversas herramientas de peluquería: no simplemente tijeras y secadores, sino simplicidad y hondura como parte de un servicio estético y anímico.

Que la muerte tiene omnipresencia en los poemas es innegable, como también la tiene en nuestras propias vidas. Nuestros ojos van recorriendo las palabras y los rituales conocidos como explorar las cosas de los muertos, recordarlos, encontrarlos ahí: “vos,/ que revisás las cosas de los muertos/ para seguir tu vida…”. Ese tránsito que llamamos “muerte” emerge en el libro no como una presencia temida sino como una muerte reflexionada, una muerte parte del ciclo vital, casi asimilada, podríamos decir; la encontramos desde la primera página del poemario: la dedicatoria es para un amigo que ya no está, el papel no puede soportar las palabras con peso muerto, las palabras-cadáver.

Mattoni dice una frase absoluta, central en la poética del libro: “Hoy tengo que empezar/ a caminar y a gastar lo gastado”, una especie de “tengo que seguir”: de manera diferente a cómo venía, pero tengo que recomenzar con las presencias y las ausencias. Podemos decir entonces que la muerte es concebida como un pasaje, un transitar. Es un no lugar muy real: se la piensa y se la nombra, se le habla a los que ya partieron: “¿Acaso le hablo a alguien que no está conmigo/ ni siquiera en espíritu?”. El cuerpo presente y el cuerpo ausente de los seres queridos se entrelazan en un tejido complejo y compacto; vemos al poeta retratando a la muerte y a la vida trayendo y llevando cosas: “La vida será entonces una constelación/ de adolescentes bailando sin centro en el patio/ de esta casa…”. A pesar de ella, Silvio sigue escribiendo, hablando de escritura, escribiendo sobre escribir poemas, buscando, en definitiva, viviendo, como en los poemas “Sueños de enfermo” y “La extinción de la literatura”. Además, el pelo sigue creciendo cuando nos morimos, como la escritura fluye aunque el otro no esté (y porque el otro no esté).

Otra herramienta de la peluquería masculina es la contemplación, que, dicho sea de paso, está relacionada con la muerte, con el paso del tiempo, es decir, con una cierta madurez del poeta que discurre en estos asuntos universales, tan humanos. Leemos fuertemente la disyuntiva ciudad/campo en varias de las descripciones de los paisajes y en la admiración de los rituales de la naturaleza, una sabiduría nueva que se va armando al recorrer los poemas de Peluquería. En el delicado poema “En busca de una imagen”, la evocación (mirar con los ojos de la mente) es real como un cuerpo y contemplar es amar. Y en el poema “Pasando la loma”, la explicación del origen surge también de la contemplación.

A partir de la caída del pelo, de la aparición de las canas y hasta de los comentarios de nuestro peluquero, se puede hacer una meditación sobre la fugacidad del tiempo. Con ironía, seriedad, cariño, el poeta (y nuestro pelo) nos recuerda que el hoy es ahora y el tiempo se nos escurre entre las manos: “Escribí ahora no hay que confiar en el futuro./ Mientras hablamos nos hacemos viejos”. ¡Qué golpe! Envejecer, desadueñarse del pelo que es una pérdida evidente, notable, de una manera sarcástica como en el poema “Pelado”, en donde se toma con humor el tema de la pelada pero también el del paso del tiempo, trasfondo de todo. La frase con la que concluye el texto es inquietante: “Bendito el tiempo que para a cada rato”. ¿Para que vivamos, para que podamos sentir? La caída de pelo ¿se detiene un instante en el que reflexionamos o amamos para reanudar su travesía un instante después? ¿El tiempo para a cada rato o el tiempo pasa a cada rato?

Envejecer, la vida como un viaje con principio y final; nuestro tiempo en el mundo puede resumirse en nuestra historia del pelo (cortes, tinturas, alisados, etc.), porque “Rápido pasan las tijeras/ y la tarde se acaba”, dice Silvio en el poema “En la peluquería”. Envejecer-escribir, fluir, madurar: “Ya es momento/ de terminar este poema para que algo/ nuevo pueda empezar. Punto y aparte”.

Una herramienta de la peluquería de Mattoni son los hijos: seres nuevos, pequeñas reproducciones de nosotros mismos, espejos en el que nos miramos… envejecer. Podemos destacar el poema “Una carrera”, absolutamente conmovedor, en donde hijo y padre juegan una carrera de autitos de plástico a pesar del tiempo y a pesar de la muerte: “nunca se llega,/ el padre siempre es algo que va a ser…”, dice. Pero además, los niños son protagonistas de sus propias vidas cambiando las de otros, como en “Madre en el ómnibus” y en “Ventanas”: “Me dicen los poetas, cuando me estoy durmiendo,/ que el hijo debe entregar la muerte al padre/ y escapar de la madre para vivir afuera”. También en “Grande y chico”, donde se nos introduce en los sueños del hijo, lugar íntimo y maravilloso, lugar reservado para unos pocos. O “Galileo da clases”, otra de las piezas en donde los niños son los protagonistas que iluminan todo desde la inocencia, desde el otro lado de la vida, el comienzo.

De vez en cuando nos encontramos con una frase tipo repiqueteo, que nos despierta y nos saca de nuestro letargo habitual. Peluquería masculina es un libro reflexivo, en donde la voz poética nos dice que este instante ya pasó, no como una alerta sino como un sencillo comentario. La voz poética irradia una cercanía en la forma de decir pero un lazo potente en lo que dice. No olvidar: el tiempo pasa y este instante ya se transitó. Nosotros somos los vivos. Punto y aparte.


Poemas de Peluquería masculina



Envío

¿Acaso le hablo a alguien que no está conmigo
ni siquiera en espíritu? Ya sé que para vos
no existe nada que no sea materia, pero
las palabras duplican hasta la ilusión
del simple vidrio de algún espejo. ¿A quién
podría apostrofar con un aire de prosa
y la propiedad del nombre? Acá está el mío
y otro que se aleja más y más, que irradia
una luz muy lejana, aunque sigue brillando
y vuelve a repetirse como el ritmo
de sílabas y acentos, como si puntuase
el espacio infinito a manera de círculo
verificable en una sola frase. Y ahí estás,
consumido y a solas bajo tu lámpara fría
que casi no precisa energías renovables
para alumbrar tu libro recién encontrado,
donde leés columnas de palabras
demasiado regulares para no ser siempre nuevas
y decir la insignificancia de lo mismo: vos,
que revisás las cosas de los muertos
para seguir tu vida, no te olvidés
de mandarme noticias, chispazos de un futuro
inaccesible, porque se hace difícil
mantener la vigilia, prestar la máxima atención
a las voces, al sol y a los chicos que nacen
en este antiguo minuto de felicidad
o ilusorio desahogo que me da haberte escrito.


Una carrera

Cuando entro a la carrera con un auto
de plástico celeste, me repite: “¡Amigo,
cuidado, amigo!” Y quiero entusiasmarme
en las vueltas sin fin que habrá que dar
por la orilla del sillón. Sin dudas que
jugar le hace bien, no es un capricho como
los que opone a la comida, al baño y a los cambios
de ropa. No me abandona la ambigua
melancolía de no saber si decirle que sí
a todo, y arruinar su carácter, o gritarle
para que me obedezca. ¿A qué ley
deberíamos acostumbrarnos? Apenas paso
con mi descuidado bólido celeste
sus dos manitos que llevan uno blanco
y otro bordó, él me avisa: “¡Está rojo,
amigo!” El sí y el no que no dependen
más que del momento, las horas del día
estiran mi capacidad de decisión
hasta perder cualquier frase verdadera.
El reto o el silencio se repiten sin límites.
Tiene razón Michaux, nunca se llega,
el padre siempre es algo que va a ser.
¿Pero cómo se vive la tendencia,
lo inacabado con algo de alegría?
Ningún acto maniático o poema
podrá ser tan jovial y afirmativo,
perfecto como un niño, tan dotado
para el refinamiento extremo del amor
y del pedido irrealizable. ¿Es infinito
el espacio afectivo? ¡Como si el infinito
pudiera dividirse o calibrarse!
Pero él quiere, insiste, opone, ahora percibe
el límite, ahí puede conocerme. Lástima
que yo no pueda verlo, reírme de mi estúpida
limitación y no salir de mí con algún gesto
brusco y hosco. Y si dijera: “Amigo,
pensar es limitarse y no estoy hecho
para tanto”. Al menos podría seguir
jugando a los autitos, esperar que el sentido
se limitara solo, irreflexivamente,
a la hora de escribir. Aunque mi educación
de padre no se escriba, y deba hacerse,
¿sabré escucharte, hijito, maestro
de la sociabilidad más absoluta
y absorbente? “La última vuelta, amigo,
y vamos al jardín que se hace tarde.”


Madre en el ómnibus

Querés besar al nene que no quiere,
le gusta ver la vida de allá afuera
desde la ventanilla alta. Entonces
te desilusiona un poco su distancia
que anuncia quizás otras, mayores. Dicen
que el deseo se aleja de la madre
siempre y cada vez más. Trasposiciones
de un plano a otro hasta el límite mismo
de la obsesión abstracta. Sin embargo,
no te apresa la angustia de los celos
aunque su vista a lo lejos y el apartamiento
brusco e involuntario de una mejilla apenas
de tres años ya se parezcan bastante
al ajetreo de los hombres cautivados
por la vida allá afuera. ¿Qué buscabas
vos en el beso? Nada más que eso:
la rima porque sí, música vana
del sentimiento que se refracta y sigue
adelante, sin frenarse. Pero el nene
ya quisiera adueñarse de las cosas:
las mujeres, los niños y los autos.


Burbujas

En una clásica aventura siempre
se interponen el hambre, las montañas,
un desierto, un incendio, lava hirviendo
bajo un volcán al que se llega apenas
con fuerzas para leer las inscripciones
arcaicas y romper el mensaje que tanto
costó llevar, y por arte de magia
se retorna de golpe al cuarto propio
y al descanso en la cama cotidiana.
El héroe es casi un niño, va guiado
por un haz luminoso en su capricho
de triunfar a toda costa. Después
de una mediana edad, ya no es posible
salir del doble vínculo de un destino
aceptado con resignación o del fracaso
previsto a pesar de los entusiasmos
que se repiten. Nadie sueña con lava
en el fin del mundo para derretir
la cadena de un mal encomendada
por la comunidad de los amigos,
y tiene que volver a la tenacidad
pueril el que se alienta mentalmente:
“¡Vamos, podés hacerlo, poné todo!”
No voy, no puedo ni pongo siquiera
la mínima conciencia de torcer
el brazo maligno que me tiraría
en un sillón o frente a una pantalla.
¿Habrá que aceptar el peso que me doy
o escribir más liviano que una pluma
con burbujas de tinta? Un heroísmo
nuevo, sin meta, hecho de olvido y sobrio.



viernes

malón diabólico



Flor López por Fernanda Maciorowski en Malón Malón






lunes

poesía argentina



Ya salió la Revista Virtual de poesiaargentina.com N° 3, junio 2013.



gracias a mi amigo Ariel Williams por la generosa reseña de ceremonia del té en los ojos y  a José Villa de http://www.poesiaargentina.com/



martes

el lenguaje se queda quieto y nos come cotidianamente






sobre ceremonia del té en los ojos por mi amigo poeta Gabriel Jiménez, de Mendoza

¡gracias!



jueves

islas en el cielo





El amargo
sabor
de la carne
dulce
llegó con las
imágenes.
Lucho Carranza
islas en el cielo
Román Murillo, fotógrafo
Román despliega varias posibilidades de visualidad en sus trabajos: en las imágenes, por lo general dinámicas y extremadamente captantes, se expone, sin anestesias, lo perecedero y la vacuidad del tiempo real.
En la obra de Román Murillo hay múltiples fases/facetas: una son los retratos trash, instantáneas, principalmente de fiestas salvajes, en donde una cara y una actitud son las protagonistas. En los retratos de estos íconos urbanos nocturnos hay mucho de todo (una estética del exceso, una sublimación) y la línea entre lo real y la apariencia se desdibuja. El consumo y el consumismo extremo están omnipresentes como participantes de fiestas interminables, como si la noche fuera eterna y la vida, la noche. Los escenarios son variables, móviles y posmodernos: luces, recitales post punks, vj, dj, drogas, alcohol, ropa flúo, autorepresentación, la calle, música fuerte, sensualidad irreverente, habitaciones de la city, distorsión; como escenario calaveras maquilladas. Aunque la apariencia es la de un tiempo detenido, las fotos y los momentos son sumamente perecederos, acaban, desaparecen, se deshacen como el maquillaje y se terminan como los tragos de colores.
En su constante movimiento/faceta Román retrata ancianos: sólidos, a la luz del día, en su época, en su espacio. Abuelos con la mirada más allá, en el pasado. Retratos en grupo, en el geriátrico, solos, solos con la cámara.
Otra faceta son las fotos a mujeres: mujeres fuera de foco y mujeres anti canon, mujeres raras, mujeres con historia. La semidesnudez y la desnudez del cuerpo y de la mirada las convierten en imágenes inquietantes, jamás podrían ser chicas insulsas. Ellas son retratadas en interiores casi como actrices de su propia obra íntima pero también en el exterior, en la meseta: mujeres jóvenes en el cuerpo de la meseta, islas en el cielo.
Román Murillo conmueve con la exploración de estos mundos combinados (mujeres, jóvenes, ancianos). En su identidad visual conviven, por un lado, el ejercicio de la libertad, por otro, el despojo, el instante que se muere, la juventud que se aleja.
Fernanda Maciorowski
Para visitar esta obra:
http://romanmurillo.tumblr.com/
http://cuadernoo.blogspot.com/
nota aparecida en la revista Ficciones, agosto de 2011, año 1, n°14.

sábado

retratos de la fiesta de la vida (Román Murillo, photographer)





las imágenes trasmiten la vitalidad más perecedera que conozco, cortos momentos de felicidad que duran lo que dura el estado y mueren para olvidarse.
las mujeres y su maquillaje desaparece, la juventud se muere, la gordura se muere, la alegría, la moral, la ropa, se terminan, todo es vida de un instante.
¿qué es ser una anti mujer? ¿qué es ser todo lo contrario a lo que te dicen que tenés que ser? ¿qué es mutar para siempre? ¿qué es la desnudez tatuada? ¿qué es sentirse observada por tres ojos? ¿qué es la libertad absoluta? ¿qué es sentir que no importa nada? ¿qué es el prejuicio que nos come la cabeza? ¿qué es ejercer la libertad absoluta el tiempo que dura una noche? ¿qué es poner el cuerpo al límite para enfrentar la vida o para enfrentar una foto?
Román Murillo lo demuestra cuando capta energía y reacciones a través de la mirada de las personas que fotografía; no es un simple retrato de momento, es mirar más allá y captar más adelante, más profundo, más arriba, más atrás de la persona, del sujeto, donde no todos ven y a donde no todos quieren llegar.
se engancha de la libertad y del movimiento como condición y dice “enloquécete” “ahora enloquecé” “enloquécete” y me pregunto ¿cómo se hace para ser más libre? ¿cómo para estar tan despojado que nada importe?
me declaro fan de esta obra en movimiento, fan del instante que se muere, fan de todo lo humano que no es nada, fan de la actitud de Román frente a lo real, fan de poder ver como el ve, fan de su talento para trasmitirme un mensaje que a veces se me olvida, fan de qué fan de qué.

Fernanda Maciorowski
julio 2011



jueves

reseña de DOMA LATINA por Verónica Raggio





Doma Latina. Cuper. Infamia Trascendental. 2010
Ha llegado a las manos de Pro-letrarios el último libro artesanal de Infamia Trascendental, publicado por Fernanda Maciorowski, una gran poeta de Puerto Madryn.
Por eso, queremos compartir con ustedes un breve acercamiento a la lectura de Doma Latina.
Antes de abrir el libro, nos encontramos con una imagen muy sugerente, una dama/niña sobre un unicornio. Esta imagen nos remite inmediatamente a la idea de domar un animal, ya sea para civilizarlo, para utilizarlo a favor nuestro (beneficios a la hora de trabajar, de trasladarse) sobre todo en los ámbitos rurales. Una definición académica podría ser: domadura de potros u otros cuadrúpedos. Y en un sentido figurado: represión de las pasiones y propensiones al vicio. A su vez la palabra latina nos remite ya sea a la antigüedad clásica, como también a las delimitaciones espaciales del territorio americano. Decimos esto porque desde la tapa, no más, podemos crearnos un campo semántico muy amplio: mujer-niña / doma / domar / naturaleza / mundo / tierra / divisiones geográficas y políticas, etc. etc.
Es una maravilla la pluralidad de sentidos, imágenes, evocaciones que nos brinda este libro desde la portada… nos sugiere que al introducirnos en él las significaciones serán tantas o más.
En cuanto a la estructura interna del libro, podemos observar tres divisiones: latina, doma y, apaciguar cierto dolor. Cada uno de estos apartados cuenta con uno o dos epígrafes introductorios.
Entrando ya en las primeras páginas nos encontramos con una representación múltiple del yo poético, donde vivenciamos una serie de juegos de percepción, un vaivén partiendo de un ella hacia un yo, pero observamos que siempre aparece un elemento que busca y logra animalizar a los sujetos. Por ejemplo en el poema número dos, dentro de la sección “latina”
“(…) se detenía en la orilla
a beber
el animal que era
ella
el animal que era
yo”
En este proceso de vaivén de sujeto humano / animal, aparece la tierra, en un notorio juego, de la voz poética, entre las entidades “madre tierra” como mujer, humana pero también animal, y referencias a la condición de madre, incluso tierra como sustento de alimento, como fuente de trabajo. A su vez, detectamos varias reiteraciones de los verbos: dormir sugiriendo también a la imagen de morir, y nos da como elemento común la madre y entre ambos lo común es la noche, la oscuridad, espacios tanto referidos al dormir como a la muerte, la desolación, el silencio. Seguimos así jugando con la multiplicidad de sentidos, de significados, de sujetos. Por ejemplo en el poema 4
“Intentábamos dormir
En el límite de la noche
Dormir
En la tierra y debajo de la tierra.
Tenemos a la noche como madre.”
El yo poético está dividido, indefinido, va y viene, deambula entre el mar y la ciudad, siendo todo lo que la rodea humo, nada y a la vez todo porque su pensamiento parte y se crea desde y en ese humo. Ese “yo” que no es nada y es todo, desde una mujer, una niña, un ella y un animal, y siendo todo y nada nos muestra realidades que se mezclan en un todo de la naturaleza. Es un sujeto que vive en la noche y con el día, que recuerda situaciones vividas y nos rebela instantes vividos, como por ejemplo un viaje en el poema 2 de Doma, llamado “on the bad road”
“la ruta vista así
es irreal
arrojo mi cuerpo al lado
y nada cambia
una línea finita de luces
blancas que vienen y rojas
que van
no hay nada que descifrar”
(…)
“del otro lado
la ventanilla
refleja nuestros rostros”
El sujeto que está en un vehículo, va de un lado y del otro, a la noche y ve las imágenes que muestra ese espacio reducido, un “yo” que va y viene de una ventana a otra y busca algo más que la monotonía de la ruta, algo que sea solvente para descifrar.
Este fue solo un pequeñísimo acercamiento a tan plurifacética obra, donde los lectores pueden encontrar intersticios para completar con sus propias lecturas, es una obra sumamente amplia y abierta, predispuesta a ser llenada con significaciones. Y donde podemos encontrar variadas proyecciones de diferentes elementos como por ejemplo la muerte, muerte a la par del dormir. El morir y el dormir tienen la misma madre que es la noche y la tierra. Así se forma un círculo interminable de asociaciones y vivencias.

Publicada en la revista PROLETRARIOS, de la ciudad de Trelew


Mujeres de Patagonia en Despertando a Lilith



Mujeres en Patagonia. Se han dicho muchas cosas sobre la Patagonia: el vasto territorio como un mar de tierra sorprende, atrae como un imán, atrae como todo lo desconocido. Hoy, y acercándonos más al terriotorio real, Patagonia no es una zona “vacía”: hay grandes ciudades, hay circuitos de distinta índole, existe un circuito literario, existen narradores y poetas, las voces de las mujeres poetas también tienen fuerte presencia, y no son murmullos, más bien, rugidos. Hay muchas y excelentes poetas mujeres, su participación en el campo literario adquiere día a día más protagonismo: pensemos, por ejemplo, en tres publicaciones como son la de Ludmila La Manna, de Esquel, ganadora con su libroFotogramas (Concurso del Encuentro de Escritores de Puerto Madryn 2009), en María José Roccato, ganadora con A la intemperie (Fondo Editorial Provincial 2008) y en Viviana Ayilef, también ganadora con el libro Agua de otoño (Fondo Editorial Provincial, edición 2009). Todas mujeres, todas poetas. En ellas, y en mayor o menor medida, el lugar donde viven influye en los textos, lo importante es como cada una de las escritoras dice algo nuevo sobre lo ya conocido, es decir, le da una nueva mirada, reactiva el desierto que está a unos metros de las ciudades y, por su puesto, el más importante, el desierto íntimo.


Las mujeres que escribimos en Patagonia estamos produciendo. Lo podemos ver en la obra de Luciana “Tani” Mellado, de Comodoro Rivadavia, con Aquí no vive nadie, su tercer libro. El trabajo de Tani y su grupo coexiste con la difusión de poetas y artistas plásticos de la zona a través de su proyecto Peces del Desierto, una plaquette periódica y gratuita que viaja a todos los rincones de la Patagonia.
En el reciente Decir ellas, libro de Fela Tylbor y Liliana Arroyo, de Puerto Madryn, en el que se abarcan cuestiones y reflexiones sobre género.
En la poeta Liliana Campazzo, de Viedma, con su hermoso último libro Escritos en el vidrio. Cabe destacar que Liliana creó el espacio web Poetas Patagónicas, un lugar para las mujeres que escribimos en este sur, en donde se difundían todas las novedades literarias de poetas de la región patagónica argentina-chilena.
En Claudia Sastre, crítica literaria y poeta, desde Puerto San Julián, al frente de la coordinación delCorredor Literario Patagónico en Puerto San Julián. El Corredor Literario Patagónico es una actividad que crea espacios de reflexión, talleres, charlas y actividades relacionadas con el trabajo de los escritores que se coordina con distintas provincias del sur. Dentro de las actividades del Corredor se encuentra el Ciclo de poetas Mujeres (iniciado en el 2008 y reavivado este año) en el que se invitan a poetas de Chubut y Santa Cruz a mesas de lectura y crítica.
También Florencia Álvarez mentora de la editorial independiente Infamia Trascendental en Puerto Madryn, Giovanna Reccia, de Gaiman, Maritza Kuzanovick, de Río Gallegos, Nadine Alemán, de Esquel, Nelly González, Noelia González, Silvia Castellón y Silvia Iglesias, de Puerto Madryn. Es decir, somos muchas, estamos trabajando, estamos escribiendo, estamos formando tejidos y redes en el desierto. Estamos.


Activas y activadas. Hay varias maneras y niveles de resistencia y de activismo; la escritura es una forma de señalar la existencia de una en el mundo: como sujeto, como mujer, como voz poética. Escribir desde/en la Patagonia, hacer escuchar la propia voz y ocupar espacios con la escritura es una manera de estar. La actividad misma es una revolución: los deseos de superarse, mejorar, publicar, participar, todo esto significa estar activas y activadas.

Fernanda Maciorowski
Puerto Madryn, abril 2011

***

Puerto Madryn era un punto a visitar en mis vacaciones, la propuesta de llevar algunos libros de poesía, se convirtió en una Feria a orillas del mar a la cual Lilith Libros, fue especialmente invitada. Entonces conocí personalmente a Fernanda, con quien me comunicaba vía mail. En su casa, mientras abríamos cajas repletas de libros, entre mates y saludos, Nelly González Silvia Castellón y Fernanda, liberaron a la poesía de los libros, y grabamos para Despertando a Lilith.


Los invitamos a que visiten el blog y escuchen los audios en:


miércoles

con faldas y a lo loco...por Damián Franckovick




Con faldas y a lo loco...


por Damián Franckovick



Apogeo.
Poesía interactiva
Magdalena Dávila (imágenes) y Fernanda Maciorowski (texto)
Estrella deliciosa ediciones
Puerto Madryn, 2011


La poesía en retazos de Apogeo es una delicia literaria en la que las ilustraciones de Magdalena Dávila y las palabras de Fernanda Maciorowski se funden en instantáneas poéticas. Desde focalizaciones deliberadamente femeninas, aunque sin circunscribirse a clisés pseudofeministas, se rompen las fronteras entre lo visto y lo escuchado. Hay colores en los versos (“sábanas azules”, “piloto rojo”, “invitaciones en blanco”…) y hay sonidos en los dibujos. Unos y otros hacen, del conjunto de flashes artísticos, un desafío que sitúa, al mejor estilo Cortázar, pero sin caer en la repetición de fórmulas, a receptoras y receptores de la obra en el poderoso pero nada fácil rol de editores de su propia lectura. Desde una bolsa Ziploc, especie de Aleph transparente, fluyen, como si de una cartera de mujer se tratara, los elementos que otorgan cuerpo y actitud a la poesía de dos madrynenses con intuición estética: “sábanas”, “joyas”, “rimel”, “lápiz labial”, “cigarrillos”, “tacos”, “calzas”… Al ritmo de la lectura suena, de fondo, dotando de ritmo las ilustraciones y las estrofas, “la música” y, en especial, “el aura de los sonidos de rock”. De este modo, a través de las instantáneas poéticas que nos ofrece Apogeo, recorremos las noches urbanas en compañía de mujeres cuya búsqueda más íntima se materializa, aun cuando les pesa la crueldad del amanecer, en el reencuentro con su propia realidad. En fin, un conjunto de partes que nos exige, con “el cigarrillo en la mano”, tal como la misma obra advierte, interactuar y armar nuestro “conjunto a gusto y necesidad climática mental”. Magdalena y Fernanda, imagen y texto, dibujo y poesía, obra y recepción se sacuden en la transparencia de un todo que agita y despierta nuestras adormecidas neuronas de tapas duras.





sábado

Sepultura en Puerto Madryn 15/10/2010



***fotos: Juan Rosell***
Qué buen recital de música pesada: ajustado, conciso, poderoso. Derrick Green es (no parece) un tótem africano de dos metros y monedas con una potencia de voz envidiable; el pelo (no hasta la cintura) sino hasta las rodillas, el micrófono, que lo bate como una maraca con movimientos de boxeo, a veces al ritmo de la doble (triple, cuádruple) masa, está varias veces a punto de ser devorado por una dentadura gigante. Grita, canta, arenga, no sabe castellano, nos emociona. Toca el tambor (no con un par de palillos) sino con dos, tres y su sombra de perfil es una calavera simiesca, primitiva y poderosa. Hace movimientos de boxeo.
Jean Dolabella parece una ballerina escurrida con furia salvaje: a cada decenas de golpes por minuto en su batería, que es tan armatostosa que no le vemos los movimientos de los pies, saltan o, mejor, salen disparadas gotas de sudor con la velocidad de la luz y pienso que debe de bajar un kilo por recital porque no para y es la base de la banda y del sonido poderoso.
Pienso en todas las bandas de heavy o seudo heavy metal de mi ciudad y en las que he visto a lo largo de mi vida recitalera en la zona y claro, cómo van a ser buenos si no tienen ese estilo, esos equipos, esa potencia, esa originalidad, esa dureza, esa profesionalidad, ese satanismo de Sepultura. Me dirán que es una banda con 25 años de historia. Y yo diré si, y muchos que vinieron después les copiaron sin vergüenza.
Pienso en que está buenísimo la noche que viví después de tantos años escuchando los discos de Sepultura y que de repente, por una vuelta tonta del destino, tocan a cuadras de mi casa. Y pienso en los pibitos que aman Sepultura y todo lo que representa para la música pesada y en su conmoción por poder verlos en vivo. A mí también me emociona. No me importa que Sepultura no esté en la cresta de la ola, me importa que sean tan buenos tocando, que muevan a (no un mar) sino un riachuelo negro de gente que hace cuernitos y revolea el pelo y hace sonar las tachas y crujir sus camperas de cuero. Me emociona ver un riacho oscuro de manos alzadas, puños, brazos flaquitos, gordos, peludos, tatuados, curtidos, con muñequeras, con cámaras digitales; que vengan heavys desde todas partes, que acampen, que hagan esfuerzos por estar acá y no perderse esto, que los viejos se metan al pogo de pura alteración y que después les duela todo. Me emociona ver muchos menores (aunque supuestamente no podían ingresar) con sus padres que querían hacerlos partícipes de este show histórico: uno, de unos cinco años, vestido de esqueleto: otro de 12 años, vestido de campera de cuero negra; otras nenas de la mano vestidas de oscuridad de pies a cabeza.
Ah, la música muy bien: desde lo clásico que todos queríamos escuchar hasta un tema nuevo “que todavía no tiene nombre pero sí mucha música, amigosss”.
Me gustaría ir a verlos tocar también hoy o el domingo a Brasil. Sepultura me conmueve como lo hace la buena poesía. Estuve sonreída todo el tiempo.
Derrick Green no parece es por momentos un predicador del infierno, con su cara de dientes terribles y toda su postura gritándonos en distinto idioma, por otros es un dios negro que boxea contra la nada.

lunes

La superficie de Medea por Claudia Sastre


La superficie de Medea por Claudia Sastre


Fernanda “Cuper” Maciorowski- Estrella deliciosa ediciones- Puerto Madryn – Chubut- 2007


Este libro de poemas de Fernanda “ Cuper” Maciorowski, el primero de esta autora, que sólo habia publicado algunas plaquettes, y algo en revistas y publicaciones literarias, fue, digamos muy esperado. Ella es una poeta con un estilo propio, con una madurez estética que ya reclamaba un formato libro.
Considero a Cuper la primera y legítima representante estética del pop patagónico. Siguiendo los lineamientos estéticos que destaca Anahí Mallol en su ensayo “El poeta y su doble” para con la corriente pop de la poesía argentina de los noventa, podemos decir que Cuper a la vez se asemeja y se diferencia de esa corriente estética. Lo que en el pop de los noventa pasa por la intrascendencia aparente del texto, por lo casual, moderno, modernoso, liviano y pasatista, como postura crítica obviamente a la poesía “comprometida” de las generaciones anteriores; es en Cuper otra cosa. Qué otra cosa será? bueno, Anahi dice que las poetas representantes del pop, Fernanda Laguna por ejemplo, “se hacen las malitas”, en Fernanda Maciorowski esa crueldad, sólo aparente, se hace carne en la figura del yo poético; o sea, Maciorowski, en sus textos, es víctima, es victimario, en roles intercambiable, que con la intrascendencia propia de su lenguaje poético, es decir, sin estridencias, sin regodeo en la crueldad, describe la crueldad, la convierte en lenguaje. Parada dentro del discurso de la poesía femenina, no nos ahorra imágenes de sangre, de dolor, pero siempre desde un universo mínimo, de maquillaje de dolor, en el orden de lo que Baudrillaud nombraba como paradoja entre Simulación y disimulación. Es decir, simulo ser mala, para disimular mi miedo, juego, pero en serio...el poeta juega en serio, se compromete con ese yo, que sabe ficcional, pero real a la vez. El libro cuenta con cuatro partes marcadas, que son a rigor de verdad, cinco, veamos: I Ternura salvaje, II El desamparo de las criaturas, III Extranjera y IV Las modernas noches de Medea; pero esta parte, as u vez, tiene bajo un subtítulo: Tate, una serie de poemas.
Dicha Tate no es otra que Sharon Tate, la difunta esposa del director de cine Roman Polanski, asesinada de manera feroz y cruel por el clan Mason. Y es aquí donde necesito detenerme un instante, porque la misma Medea, anti heróina griega, mujer que se toma como paradigma de la vengativa y cruel, que toma venganza en sus propios hijos, dolida por desamor, es quien muestra su “superficie”, su apariencia externa; si esa es Medea, quién es Tate?
Tate es la víctima, sobre quien recae la violencia de la locura, el absurdo inexplicable de la posmodernidad, la obsesión con lo externo, lo visible, lo superficial. Podemos ver entonces cierta cualidad de reversibilidad en su poesía, cierta ubicuidad que complejiza lo aparente, no admite simplificaciones ni juicios de valor, suspende toda actitud taxativa y totalizante.
Entonces es imposible hablar de banalidad en este libro, imposible pensar que estos poemas son nimios o intrascendentes, Medea, Sharon Tate, dos puntas del iceberg del universo poético donde Cuper construye su discurso estético, su “qué decir”en este mundo donde auguran la pronta muerte de la poesía, debido a que se supone, ya no queda qué decir. A modo de muestra, un poema de la serie Tate, escogido in pectum por bwugan:
13
el signo del diablo
la danza de los vampiros
el valle de las muñecas
no hagan olas
y la muerte no puede ser actuada

Fernanda Cuper Maciorowski vive en Puerto Madryn, estudia la Licenciatura en Letras en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, sede Trelew. Fue colaboradora en la Revista Virtual Verbo Copihue- Letras Patagónicas hoy desaparecida. Pertenece al colectivo Bajo los Huesos- Movimiento de poesía

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